Colegio de Ingenieros de Venezuela

    En 1.860 se decreta la creación del Colegio de Ingenieros, su principal objetivo es el fomento de las ciencias exactas y naturales en Venezuela, y a ese fin se mantendrá comunicación con sociedades científicas de Europa y América. Se establece una estrecha dependencia entre la Academia de Matematica y el Colegio de Ingenieros; Manuel Felipe Tovar ( Presidente de Venezuela entre los años 1859-1861)  decretó que los candidatos a la Academia debían ser capaces de traducir del francés, de esta manera se rinde cuenta a la influencia francesa en la enseñanza y textos de ingeniería. 

    Al año siguiente, el 27 de octubre se celebró la junta preparatoria en la sede del Colegio de Santa María, situado entre las esquinas de Veroes a Jesuitas de Caracas, quedando instalado el Colegio de Ingenieros de Venezuela (CVI) el 28 de octubre de 1861. Inicialmente adscrito al antiguo Ministerio de Guerra y Marina fue dirigido por el Comandante de Ingenieros Juan José Aguerrevere y como Secretario el Teniente de Ingenieros, Francisco de Paula Acosta. Más tarde, en 1881, el colegio queda adscrito al Ministerio de Educación.
    En 1922, el ingeniero Vicente Lecuna, quien más tarde habría de convertirse en el más insigne historiador de la vida y obra de Simon Bolívar, promueve la discusión del proyecto de "Ley de Ejercicio de la Ingeniería", estatuto en el que se establece la facultad del CIV para formular los aranceles de honorarios profesionales y velar por los más altos intereses generales del gremio, que lo convierte en fiel celador de la ética profesional. A partir de ese momento se inicia una etapa de crecimiento del CIV y su importancia se consolida sin pausa en resguardo del crédito profesional y de la aplicación rigurosa de las mejoras técnicas en las obras públicas y privadas y a él se debe en gran medida la introducción de las modernas ciencias y de los más avanzados procedimientos que han dado como fruto el desarrollo Venezuela de nuestros días, con sus audaces autopistas y viaductos, las gigantescas obras hidráulicas, los elevados rascacielos y los grandes complejos industriales.
    El CIV sin residencia propia desde sus inicios fija su asiento en el edificio de Parque Los Caobos, donde se inauguró en 1941, gracias al patrocinio del Ing. Enrique Jorge Aguerrevere, para ese entonces Ministro de Obras Públicas, y erigido conforme al proyecto de Luis Eduardo Chataing, uno de los grandes arquitectos de la época contemporánea. Contaba entonces el país con un millar de ingenieros, arquitectos y profesionales afines.

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